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Es sabido que el vino tiene numerosos beneficios para la salud. Según dicen, desde mejorar la digestión, disminuir el estrés, controlar infecciones, fortalecer los huesos, hasta retrasar el envejecimiento o reducir las posibilidades de padecer cáncer.

En esta entrada nos centraremos en cinco de ellos, respaldados por estudios fiables. En primer lugar, según la Fundación Española del Corazón, el vino puede ayudar a prevenir enfermedades cardiovasculares.  Esto es debido al nivel de antioxidantes que contiene; aumenta los niveles de colesterol ‘bueno’ y provoca un efecto protector de las arterias.

En segundo lugar, cerca de 70 estudios científicos recientes aseguran que el consumo de vino mejora la función cognitiva y la agilidad mental. Gracias a los antioxidantes, mejora el riego sanguíneo del cerebro, evitando la coagulación de la sangre y el endurecimiento de las arterias.

Ahora que estamos en verano y queremos, o por lo menos intentamos, mantener la línea, es útil saber que el vino tiene un efecto antigrasa. Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) demostraron en un estudio publicado en la revista Nature, que el vino activa al gen SIRT1. Este gen impide la formación de nuevas células de grasa y ayuda a movilizar las ya existentes.

Y aún hay más. Al vino también lo conocen como el ejercicio embotellado. En un artículo publicado en la revista FASEB Journal, aseguran que el resveratrol de la piel de la uva contrarresta los efectos de una vida sedentaria,  fortaleciendo los huesos, y evitando la pérdida de masa y fuerza muscular.

Por último, docentes de la Universidad de Pavía comprobaron que la costumbre ancestral de tomar vino para tratar las infecciones de las encías, y evitar así la caída de los dientes, tiene un fundamento científico. Según sus investigaciones, el vino frena el desarrollo de bacterias que provocan caries, inflamación de las encías y dolor de garganta.

Son muchos los beneficios, y muy fácil aprovecharlos. Igual esto lo saben en el Vaticano, y por eso se encuentra a la cabeza de la demanda de vino per cápita (53,83 litros por persona al año). Y no es únicamente vino de Misa, vinos de Rioja y Ribera del Duero también son consumidos en la pequeña ciudad.

Pero… ¡cuidado! Como dijo en su día Aristóteles, en el término medio está la virtud. Los excesos no son buenos, incluso los de cosas beneficiosas. El vino no hace milagros, y la cantidad aproximada para sentirse mejor es una copa de vino al día. ¡Disfruten con moderación!

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